CAPÍTULO
XIII
CONSIDERACIONES
SOBRE LOS DONES Y MERCEDES DE DIOS
1.
Sabed que Dios, que posee infinitos dones y mercedes,
está deseando darlos, pero quiere que se lo pidáis como Él
sólo sabe; así que rogad a Dios que os enseñe a pedirle como
desea y os dará lo que de verdad más os conviene en ese momento.
2. Permaneced
vigilantes siempre, no bajéis las defensas nunca, no penséis
que por el hecho de que Dios os vaya concediendo dones y mercedes conforme
vuestras almas alcanzan mayor grado de perfección, eso quiere decir que
vuestras almas ya estén seguras de no volver a ser tentadas e incluso de
faltar, ni seguras de vuestra salvación.
3. Dad
gracias a Dios por lo afortunado y dichoso que se siente El Guijo por tener,
entre tanta rusticidad, hijas tan virtuosas como vosotras, que mediante trabajos,
ejercicios, fervorosa oración, penitencias comunes y el buen ejemplo que
dais, agradáis al Señor que, con sus dones y mercedes, hace fecundas
a vuestras tierras.
4.
Aprended a conocer y diferenciar cuando un gozo o una
merced es obra de Dios por las señales y efectos que producirán
en vuestras almas, que serán bien distintos de los producidos por el demonio.
Sabed que cuando Dios se una a la voluntad de vuestras almas perfectas producirá
como efecto una gran paz y quietud en el interior del alma, un reconocimiento
claro de la grandeza de Dios y de la miseria de vuestras almas y de las cosas
del mundo, un fuerte deseo de amar más a Dios y al prójimo sin
que os muevan interés ni temor a ir al infierno; un gran deseo de no ofender
al Señor y procurar que no sea ofendido por los demás y un gozo
dulce que es a la vez penoso y amargo, ya que vuestras almas gozarán
por amar y servir al Señor, pero ahora que empezáis a vislumbrar
la grandeza y gloria del Señor penaréis por no verle más
claramente y por no hacer siempre y en todas las cosas la voluntad del Señor
que es el autor de todo. El demonio, como es obvio, no puede obrar dichos efectos,
porque sería obrar contra sus propios intereses.
ORACIÓN
¡Oh,
Dios mío! Cuantos más dones y mercedes me concedes más me
apena haberos ofendido, no por pensar en la pena que he de sufrir por ello, sino
por haberme apartado de Tu grandeza, bondad y misericordia por cosas tan bajas
y miserables de este mundo.