1.
Tened siempre presente que quien no ama auténticamente al prójimo
no puede decir, en verdad, que ama a Dios, porque la entrega al servicio del prójimo
es lo que más nos acerca y une a la voluntad de Dios que es la fuente del
verdadero amor.
2.
Sabed que amar y servir a Dios es amar y servir al
prójimo, ya que en el amor a Dios empieza el amor a los demás
por ser Dios nuestro primer prójimo.
3.
Sabed que no es posible amar a Dios sin amar al prójimo,
de la misma manera que no es posible amar al prójimo sin amar a Dios, porque
en el prójimo y en todas las cosas está Dios.
4. Desead
con todos los sentidos y potencias de vuestra alma que todas vuestras obras
y servicios agraden en todo a Dios y al prójimo, porque la buena intención
cuenta mucho.
5. Seguid
las enseñanzas del evangelio sobre la universalidad del amor de Dios a
las criaturas para que vuestro amor al prójimo sea a todos los seres
humanos, sin ningún tipo de exclusión. Es decir, tenéis
que amar incluso a los llamados impropiamente enemigos.
6. Trabajad
movidas por el amor al prójimo que es incompatible con las injusticias,
para establecer una sociedad más justa, equitativa y solidaria. No olvidéis
que una forma muy especial de pobreza es la privación de los derechos elementales
de los seres humanos.
7. Sabed
que en el amor, el primer prójimo es Dios, pero no por priorizar,
sino porque así aprenderéis más fácilmente a amar
a los demás.
8. Amad
a los mal llamados enemigos y a los que no os aman y con la ayuda de Dios,
al final de esa siembra, cosecharéis amor.
9. Sabed
que el amor al prójimo tiene su origen en el amor a Dios, así
que sin amor a Dios no llegaréis a tener con perfección amor al
prójimo.
10. Amad
a los demás sin buscar atraer hacia sí para poseer, sino amad
saliendo de vosotras mismas.
11. Haced
caridad sin ser motivadas por la compasión hacia los necesitados, sino
por amor, entrega y servicio a Dios y al prójimo.
12.
Pedid sin descanso y con esperanza a nuestro Señor que
os conceda fuerza de voluntad para amar y servir al prójimo más
que a vosotras mismas hasta llegar a conseguir anteponer el bien y el derecho
del prójimo al vuestro. Así que, como el amor al prójimo
nace del amor a Dios, cuanto más avancéis en el camino de amor al
prójimo más os acercaréis a la unión de amor con Dios,
porque Dios premia el amor hacia el prójimo enseñando a que se le
ame como Él desea ser amado.
13. Tomad
como propios los problemas de los demás intentando remediar con vuestro
amor, entrega, trabajo y dedicación los problemas de la pobreza, la marginación,
la injusticia y la desigualdad entre los seres humanos.
14. Buscad
vuestra propia salvación, pero sabed que esto no es suficiente. Tenéis
que ser solidarias y ayudar a buscar también la salvación de
los demás.
15. Pedid
al Señor para que los dolores del prójimo os duelan a vosotras
en lugar de a ellos.
16. Tened
siempre presente que para dominar o doblegar las pasiones naturales y aumentar
las virtudes tenéis que hacer por amor a Dios y al prójimo las
obras y servicios más trabajosos, menos gustosos, más dolorosos,
más dificultosos, menos vistosos, menos sabrosos, menos provechosos, más
silenciosos, más asquerosos y más penosos.
¡Oh,
Dios mío! Enséñame a amarte pues estoy enferma de amor, y
si es una muestra de amor el no estimar la vida por ofrecértela,
yo te entrego la mía, pero te ruego que no me llegue la muerte sin prevenirme
para que no muera como quien piensa que vive, sino que viva como quien piensa
que muere cada día.
¡Oh,
Dios mío! Quién pudiera darte gracias como Tú deseas. Enséñame
a alabarte pues sólo Tú sabes amar como se debe.