1.
Caminad castas y puras de corazón y pensamiento
por la senda de la verdad con sólido sentimiento de piedad, tiernísima
oración, con desprendimiento de los bienes materiales y de vosotras mismas
y con caridad fuerte para con los demás.
2.
Sabed que la virtud de la castidad solamente la
podréis vivir verdaderamente si estáis desasidas de los instintos,
apetitos y pasiones, si obráis guiadas por la fe y la caridad cristianas
y no por el egoísmo y falsos placeres de este mundo.
3.
Recordad que faltar a la castidad por parte de
quienes están, como vosotras, obligadas a ella mediante votos tienen mayor
culpabilidad, porque además de faltar a la virtud de la castidad, faltan
también al voto hecho a Dios libremente.
4.
Sabed que el vaciaros de todo lo que no sea Dios
os producirá paz y descanso, porque al no desear nada, nada os perturbará.
5.
Doblegad los instintos y apetitos del ser humano cumpliendo
fielmente el voto de castidad para vencer las tentaciones contra la pureza,
porque cuanto más avanzadas y fuertes estéis en castidad, mejor
disposición tendréis para luchar y vencer con prontitud, fuerza
y eficacia a las tentaciones de la carne. Cuando la castidad está debilitada,
las tentaciones que le llegan disfrazadas no despiertan las alarmas y a la voluntad
le cuesta mucho descubrirlas y vencerlas.
6. Sabed
que no lograréis la verdadera pobreza hasta que dejéis de
tener gusto por las cosas del mundo en vuestra voluntad, que es ser pobre también
en el apetito de ellas y es también estar vacías de las cosas
aunque se tengan. Sabed que no es totalmente pobre el alma que está
llena y rica de deseos de tener cosas del mundo.
7.
Caminad vacías, no busquéis el consuelo
y la paz en las cosas de este mundo, sino en dejar con voluntad y amor a todas
las cosas propias y de este mundo, logrando la pobreza material y la pobreza
de espíritu, porque la que verdaderamente ama a Dios, solamente en
Él logra el consuelo y la paz que busca.
8.
Amad la pobreza desapropiándoos de todas las cosas
materiales hasta llegar a conseguir desapropiaros de los propios deseos de tener,
porque en realidad, qué deja quien se queda con los deseos de tener.
Más os atará el deseo de tener, aunque no tengáis nada en
propiedad, que si tuvierais un reino sin pensamiento de desearlo.
9. Practicad
la pobreza ayunando para que con vuestra comida se alimenten los necesitados.
10.
Sabed que la virtud de la pobreza es una fuente inagotable
de santidad.
11. Vivid
la pobreza que Jesucristo padeció y practicó, y abrid las puertas
de vuestra comunidad religiosa y de vuestro corazón para reconfortar a
los pobres y necesitados no sólo en lo material, sino también en
lo espiritual.
12.
Practicad la pobreza no sólo con el desapego de las cosas materiales,
sino también compartiendo con total disposición y alegría
los bienes de la comunidad con los pobres y necesitados, movidas solamente
por la fe y el amor.
13. Imitad
la pobreza que Jesucristo predicó y practicó, aceptando que
la pobreza evangélica exige no sólo el desapego de los bienes terrenales,
sino también el compartirlos con los demás.
14. Dudad
de las personas virtuosas que temen a la pobreza.
15. Sabed
que la idolatría por la riqueza y la exclusividad injusta del egoísmo
generan pobreza e incluso guerras fratricidas.
16. Haced
vuestras obras ejercitando la virtud de la obediencia y en el alivio del
peso y el trabajo descubriréis el premio a vuestros merecimientos, porque
las fuerzas y los bríos que se pierden normalmente con los trabajos, los
recuperaréis asombrosamente con la ayuda de Dios cuando los hagáis
por obediencia.
ORACIÓN
¡Oh,
Dios mío! Dadme la pureza necesaria para recibiros pues no he de ir
a comulgaros si no me dais vuestro amor para abrazarme a él, y acrisolarme
en las brasas en que Vuestra voluntad arde. Vos queréis que os pida, porque
queréis darme, así que, dadme primero el don de saber pedir como
Vos deseáis y luego os pediré que hagáis, habitado en
mi alma, lo que yo no puedo obrar sin Vos: que es amaros como Vos amáis,
uniendo mi voluntad a la Vuestra.