GUIJO
DE CORIA
Guijo
de Coria, pueblo natal de María de Jesús, es una población
de la provincia de Cáceres, a unos 18 kilómetros de Coria y a unos
30 kilómetros de Plasencia, enclavado en una extensa llanura a 600 metros
de altitud al sur de la Sierra de Gata y al norte del río Alagón,
afluente principal del río Tajo. Su término municipal linda al norte
con Santibáñez el Alto y Villa del Campo, al sur con Morcillo y
Coria, al este con Pozuelo de Zarzón y Guijo de Galisteo y al oeste con
Calzadilla. Es un pueblo eminentemente agrícola y ganadero.
En
nuestro pueblo, nuestra tierra, al igual que en la casa de nuestros padres, todo
huele rico y gusta más y además sienta al cuerpo mejor; pero sobre
todo, El Guijo, con su belleza paisajística, su belleza arquitectónica
típicamente rural donde los siglos duermen su siesta de piedra, nos proporciona
descanso al cuerpo y al alma porque se vive la vida sin prisas y sin sobresaltos.
En
El Guijo todo es paz, encanto, tranquilidad, encuentro, respirar aire purificador,
dormir sin ruidos un sueño reparador y muy especialmente es recordar nuestra
infancia que es la etapa más feliz de la vida humana y en la cual nos abrimos
a la vida para beberla y comerla con todos los sentidos del cuerpo y todas las
potencias del alma. Esta etapa de nuestra vida como ya no es posible vivirla,
es por lo que se añora tanto, pero cuando se vuelve a revivir paseando
por las calles del pueblo que nos vio nacer y corretear por sus plazas o hablando
con sus gentes nos llenamos de orgullo, felicidad y energías positivas.
Y cuando volvemos a la ciudad, no podemos olvidarnos de traer para regalar a los
amigos los excelentes productos caseros y ecológicos de la tierra guijeña,
y por supuesto, unas botellas de un buen vino de pitarra de Julia e Hilario totalmente
natural.
Sabed,
como nos diría María de Jesús, que el hombre está
unido a la tierra, es tierra y fruto de su tierra y por eso, cuando se ve obligado
por alguna circunstancia a dejar su pueblo, su tierra, su lugar de nacimiento
y de su tierna infancia y de sus mayores, sufre dolorosamente la separación
y añora siempre volver, porque nuestra tierra con sus gentes es la parte
más importante de nuestra vida al imprimirnos sus costumbres, su espíritu,
su carácter y la forma de ser y sentir. Y por eso, todos estamos prestos
a emprender un viaje de regreso en búsqueda de la esencia de nuestro ser,
que es nuestro pueblo.
Aprovechamos
deliberadamente esta introducción para hablar del presente del mundo rural
en general, su arquitectura, sus tradiciones y sus costumbres, con el fin de que
no desaparezcan y, si es posible, porqué no intentarlo, ponerlas de actualidad
y darle el protagonismo que merecen.
Las
aldeas rurales que han desaparecido en España en los últimos años
se cuentan por miles; otras desaparecerán en las próximas décadas
si no lo remediamos, y los rurales pueblos que queden no tendrán nada que
ver con lo que ahora llamamos mundo rural, con sus tradiciones, cultura, lenguaje
del campo y de lo rústico.
También
incluimos aquí las construcciones, aperos y mobiliario rural, pues
están destruyéndose en aras de una modernidad mal entendida, así
que los autores están intentando salvar lo que se pueda para exponerlo
al público en la Casa-Convento de la Beata María de Jesús.
Sin embargo, los habitantes de las grandes capitales, los capitalinos, nos estamos
interesando por lo rústico y por las muchas ventajas de la vida en el mundo
rural, lo cual es una gran esperanza.
Todos
tenemos que colaborar en conservar el primitivo lenguaje vivo, carnal y verdadero
del mundo rural, que es el que mejor ha expresado siempre el dolor y la alegría,
el amor y el desamor, el vivir y el morir. Este lenguaje del campo está
desapareciendo porque nos estamos quedando sin ancianos que son los encargados
de transmitirlos a las nuevas generaciones. Yo recuerdo que mis abuelos me contaban,
al sereno en verano y a la lumbre en invierno, como sus abuelos, a su vez, ya
les contaban tradiciones y costumbres que nosotros estamos obligados a trasmitir
a nuestros hijos y nietos.
Conviene
recordar que los pueblos que pierden su lenguaje, su cultura, sus tradiciones
y su historia están perdiendo su vida interior y, a la vez, están
contribuyendo al deterioro de la cultura tradicional colectiva. Así que
ayudemos a los pueblos, como es el caso de El Guijo, aún es posible, a
sobrevivir a la globalización socioeconómica, cultural y lingüística.
Todos
los guijeños y sus descendientes, cada uno en la medida de sus posibilidades,
estamos obligados a salvaguardar el patrimonio histórico, cultural y arquitectónico
de nuestro pueblo para mejorar el presente y prepararlo para el futuro. Justo
ahora, en los albores del siglo XXI, cuando el fenómeno de la globalización
empieza a plantear serios problemas de identidad entre los pueblos, tener un pueblo
como El Guijo y poseer un tesoro de paisana como María de Jesús,
la Sabia de El Guijo, constituye una riqueza patrimonial de incalculable valor.
Tenemos pues que devolver a El Guijo la prosperidad, ilusión y grandeza
de las mejores épocas de su historia, y estoy seguro que todos juntos lo
conseguiremos.
Os
podemos asegurar que merece la pena visitar El Guijo y su campiña,
con independencia de que se visite o no la Casa-Convento del siglo XVII de la
Beata María de Jesús y su sepulcro en la Iglesia Parroquial del
siglo XVI-XVII, para pasear por sus majadas y sus valles solitarios, silenciosos,
frescos, amenos, cruzados por regatos llenos de aguas dulces o herrumbrosas, contemplar
una gran variedad de árboles autóctonos (encinas, álamos
y olivos) y arbustos como las jaras, retamas, tomillos y romeros y escuchar los
alegres cantos de los pájaros, porque todo ello produce una gran recreación,
deleite a los sentidos, meditación y paz y descanso al espíritu.
Es un lugar idóneo para meditar y desarrollar el poder curativo de la mente.
Visitar
El Guijo seduce, cautiva y fascina al turista porque todo se ha preservado casi
intacto a lo largo de los siglos, conservando el olor silvestre, color, arquitectura
rural típica, costumbres y tradiciones del medievo. La visita a éste
y otros pueblos de la comarca de Coria es una experiencia enriquecedora y gratificante,
porque esta herencia del pasado encierra lo mejor de nuestros mayores y de nosotros
mismos. Por todo ello, bien merece El Guijo ser conocido y visitado para
disfrutar de un pintoresco y típico pueblo rural cacereño,
adentrarse en el conocimiento de sus reliquias históricas y charlar con
sus habitantes que siempre han sido y son agricultores muy trabajadores de manos
recias y callosas, pero nobles, afables, honrados y generosos y muy hospitalarios
con los forasteros que los visitan.
Los
guijeños han triunfado y destacado, a todo lo largo y ancho de la historia,
fuera de su tierra en mayor número y con más notoriedad que en ella,
y este hecho tiene unas causas ancestrales conocidas que hay que erradicar para
lograr que los guijeños puedan también triunfar en su tierra donde
los éxitos lucen doblemente.
Antes de terminar, es de justicia resaltar los extraordinarios méritos
logrados por la Familia Carrasco Sánchez (rafarrasco@hotmail.com) que,
tras muchos trabajos especializados, cuantiosas inversiones bien realizadas y
una gran afición a los caballos, ha introducido en El Guijo de Coria la
cría caballar selecta, la especialización que es el futuro. Su yeguada,
V. Carrascal, de pura raza árabe, que goza de un merecido prestigio en
ferias, exposiciones y concursos nacionales e internacionales, ha logrado embellecer
muy positivamente la campiña de El Guijo, ya que esta yeguada de pura raza
árabe, con sus crías, pasta en fincas situadas a pie de carretera
ofreciendo, por tanto, bellas estampas de la raza a las personas que por allí
transitan.
Por
último, queremos concluir con un deseo: ojalá estas humildes y sentidas
líneas sirvan de pequeño revulsivo que, unido a otras muchas acciones
que últimamente se están haciendo, muy especialmente por el cura
párroco de Guijo de Coria, don Tomás Pizarro Jiménez, propicie
el interés común de todos los guijeños, residan o no en El
Guijo, para hacer cada uno a su manera y dentro de sus posibilidades, como anteriormente
hemos dicho, a nuestro querido y añorado Guijo más próspero,
pintoresco, bonito, alegre y GRANDE; y ojalá nos olvidemos de los egoísmos,
envidias e intereses particulares, ya que la historia de los pueblos y sus personajes
ilustres, como es el caso de María de Jesús, la Sabia de El Guijo,
no pertenece a particulares, son propiedad de todos, porque LA HISTORIA ES DE
TODOS.